domingo, 12 de abril de 2009

Ouroboros




Leí alguna vez que en los cruces de camino vivían espíritus poderosos. Ángeles y demonios alimentados por la energía vital, universal y poderosa de las decisiones; ahí, en las bifurcaciones, es donde convergen todas las energías del universo, donde la mano de algún ángel o del mismo Satán guían la caída de la moneda, con el afán de conseguir una cara o una cruz que sellen el destino de los caminantes.
Me pregunto qué demonio o qué ángel habrá guiado mi moneda cuando elegí este camino.
No he dejado de ser un cangrejo, que camina de espaldas al futuro; pero esta vez resignado y consciente. Sigo paso a paso este camino a la misantropía, y desde acá no puedo evitar las ganas de intentar mirar por tu ventana, de saber qué es de ti; pero no te equivoques: no eres un círculo, porque esta vez no estoy atrapado (de seguro tú tampoco), sino que es el camino que yo he elegido. Votos de misoginia, nada de hijos, nada de proyecciones; algo así como “si no es contigo, no será con nadie”.
Pero en una de esas los aztecas y Colón tenían razón y la vida y el mundo son una serpiente mordiéndose la cola, y la misma vida se encargará de atracar tu barca en mi playa. Para entonces, me pregunto si será la mano de un ángel o la del mismísimo Belcebú la que girará la moneda…

miércoles, 11 de marzo de 2009




Y se ha promulgado la “ley del menor esfuerzo” como regla de vida. No hay desafíos, ni sueños, apenas si se piensa en cómo conseguir caviar para aderezar un churrasco para la cena, pero no hay plan alguno para conseguir siquiera un mendrugo para el desayuno de mañana.
La gente ha puesto en los altares a traficantes, prostitutas famosas, y ha relegado al salón de los idiotas a quienes estudiamos hasta quedar intoxicados con ese polvo negro con que trabajan las fotocopiadoras…
“¿Para qué sacrificar familia?, ¿para qué sacrificar trabajo?”, se preguntan en los slogans de ciertas “universidades”, mientras que uno escuchó el primer día de clases: “olvídense de la familia y de las amistades, y si además trabajan, olvídense de dormir…”.
Al final, uno, que buscó la puerta angosta, la excelencia, queda como el idiota, el estúpido que no se dio cuenta que había un atajo…

(El problema, es que en las Universidades serias –y en la vida-, uno no aprende llegando al final, sino sólo recorriendo el camino).



(INFO:

http://www.lnd.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20080713/pags/20080713002217.html

http://www.periodismo.uchile.cl/contintanegra/2004/Mayo/economia1.html)

lunes, 9 de marzo de 2009

Día de la Mujer.




¿Y el día del varón?
Una vez más, las masas se ven sobornadas, vendiendo su alma por un pequeño gesto; embobadas e hipnotizadas se comen el dulcecito.
Me dirán algunas que es justo celebrarse, y lo bien que se siente que le lleven rosas, reconocimiento y chocolates, a lo que es menester contestar que para eso, no es necesario instituir un día en especial, sino que eso debiera ser el comportamiento normal y periódico de la gente que se quiere (paso el dato, también sería bueno, de vez en cuando, un engañito a los varones).
“Días de la mujer”, y otras medidas de “solidaridad de género”, a mi entender, no hacen sino que profundizar las diferencias, al tratar de nivelarlas nada menos que con el vaivén de un péndulo.
Porque las diferencias, el machismo y todas esas vainas tan perniciosas, no desaparecerán mientras existan madres que impongan a sus hijos varones el “los hombres no lloran”, “los hombres no cocinan”, “los hombres pagan la cuenta”, “las mujeres no toman la iniciativa” y tanta otra borra social que se ha ido acumulando con los siglos. Aun habrá diferencias de género arbitrarias, si seguimos pensando que ser mujer es un valor en sí mismo.
Aún habrá que dejar dulcecitos de “día de la mujer” y otros placebos, si seguimos tratando a las mujeres como discapacitadas, incapaces o como estúpidas, con todos esos subsidios emocionales, con esa detestable solidaridad de género, o esa absurda presunción de que la mujer siempre es buena, sufrida y trabajadora.
Ya es tiempo de predicar la igualdad, pero con acciones concretas, del día a día. Ya es tiempo de decirle a la mujer –que la tratamos como paralítica social- “toma tu camilla de siglos de prejuicios, y axiomas errados, déjala, y anda”…

miércoles, 4 de marzo de 2009

Los Idus de Marzo


El tres de marzo de 1985 hubo un terremoto en Chile.
Ignoro qué grado, no recuerdo mayormente sus implicancias.
Bien recuerdo, eso sí, las réplicas de otro terremoto de marzo, naciente también en el primer tercio de este mes. Y ese sí que tuvo implicancias.
Entonces, cada año, comienza el ritual, me paro frente al espejo y -al igual que Julio César- me digo: “los idus de marzo han llegado y hasta ahora, nada pasa”, pero –como en la historia aquella- siempre hay alguien –o algo- que hace tambalear mi pretendida seguridad.
Y así, cada año colecciono una nueva muñequita de porcelana, de ojos ensangrentados, que pongo junto a las demás, en pequeños ataúdes sobre mis repisas, donde reposan todas, recordándome, por los años y los años, que cuando te fuiste, algo moría contigo.
Y así, cada año, espero que lleguen los idus de marzo, y que me asesines en las gradas de algún Senado, porque no hay bendición más grande que morir por tu mano. Y no hay sensación más deliciosa, que derrumbarme por dentro, cuando me miras con esos ojos, que son el verdadero terremoto de marzo.

sábado, 28 de febrero de 2009

The Lord of the Rings.



(…o de los Círculos)

No eres mi primer círculo, pero espero que seas el último. Ya te hablé alguna vez de aquellos que surgieron como primicias de la adolescencia, y de aquel de hace unos años atrás, tejido por corbatas italianas, coincidencias forzadas, y “cahuines” por los pasillos parroquiales y fuera de ellos; aquel que era la misma cantinela en el mismo organillo, del que cada vuelta de manivela no era sino una inoficiosa vuelta sobre el mismo trillado guión de culebrón venezolano. Quizá si no me hubiese enterado, empero, de todo lo que había detrás, aun seguiría dando vueltas a la manivela del organillo aquel, como autómata.
Esto es distinto.
Esto es un viaje inconcluso, cuya promesa de destino en el folleto era un “quizá”, y que trae, por ende, consigo, cada mañana, la esperanza de volver a verte. Verte por verte, pero con un deseo perpetuo de borrar donde decía “quizá” y escribir otra palabra, de éxito o de fracaso; cualquiera… Pero borrar el “quizá”.
Si pudiera volver el camino recorrido, esta vez no te llevaría al catre de Procusto, antes bien, esta vez me dejaría llevar por ti, al tálamo de deidades dionisiacas.
No me hubiese enlistado en ejército alguno.
Y me enamoraría cada día de ti, por primera vez, muchacha tras la alambrada.
Esta vez –prometido- el ritmo del baile lo pondrás tú. Mi compás sólo sabe dibujar círculos…

miércoles, 25 de febrero de 2009

"Lost"




Abrir las cajas que contienen mi pasado, esta vez, me ha traído a la memoria tres cosas, aparentemente sin mucho en común.
La primera, es aquella primera vez que hice cosas estúpidas de esa forma casi inconsciente, o lo que es peor, de esa forma palmariamente conciente e intencional: Ay, el primer amor.
Una de las cosas absurdas que hice, en esa relación que partió en algún día de enero (sí, como la canción), y que terminó en marzo el primer día de clases (¿deberé mencionar que en enero nos vimos sólo un par de días, y que en febrero no nos vimos?), fue escribir, en su ausencia, luego de esos días de enero, cada día, religiosamente (literalmente) algo para ella, o más bien, le hice una suerte de “log” (como dicen los gringos) o de bitácora (como diríamos erróneamente por acá), anotando prolijamente, cada sentir de cada día… así, todo el resto de enero, todo febrero, hasta el primer día de clases, en marzo. Ay, con el primer amor.
La foto –real- es de aquel melodrama de capítulos diarios, que aun conservo, y que me recuerda que bajo capas de hielo, caspa, papel y malas experiencias, aun late –o latió- un corazón.

La segunda cosa que recordaremos, vinculada a la anterior, es aquella ocasión en que escuché (leí) algo que me escribió alguien muy especial (era una maldita, pero me enamoré de ella), haciendo alusión a su vez a un libro que estaba leyendo, y confesando que ella, estaba emulando a la protagonista, y que cada día me escribía algo… Cuando leí lo que ella estaba haciendo, recordé con estupor, medio embelesado, medio crédulo en la magia y esas patrañas, mi experiencia de los catorce y esa especie de “bitácora” que yo, a mi vez, escribí para alguien, alguna vez, pero no quise mencionárselo, por temor a que pensara que estaba inventando coincidencias.

La tercera cosa que recordaremos, por fin, es “Lost”. Sí, sí, sí; veo “Lost”. Mi atención se centrará, por ahora, en Jack Shephard no porque sea un personaje de mi agrado (tal vez todo lo contrario), sino porque en una ocasión, viendo parte de la Quinta Temporada (bajada de manera inmoral de la inet), como un flash, me vi en ese personaje; no en la parte del heroísmo, del guía, del tipo que a toda costa quiere salir de la Isla (acá los que no siguen “Lost” probablemente se aburran un poco más que los que sí la siguen… mayores informaciones en Wikipedia).
Me refiero al Jack de la Quinta Temporada, el Jack que quiere volver a la Isla, a ese decadente personaje de poco cuidada barba que es viajero frecuente de vuelos intercontinentales, en razón de abrigar –y aferrarse- a la remota y siniestra esperanza de que el avión en que viaja, sufra un accidente, y caiga de nuevo en la Isla.
Ese mismo Jack que busca de manera enfermiza caer de nuevo –re-caer- en la misma isla de la cual tanto luchó por salir.

¿Qué tienen que ver estas tres cosas?
Pues, en que yo me he convertido en un Jack de descuidada barba, tomando todo vuelo que me permita mantener viva la brasa de la esperanza de que volverás; en un enfermo que visita cada lugar de Quillota en que te encontré en el pasado, rogando al Cielo un deja vú, una segunda oportunidad que me permita volver al punto de partida, y volver a tirar los dados. Soy un Jack queriendo caer de nuevo en la mágica isla que son tus brazos, que es tu vida. Un Jack que hoy comienza (como la otra vez –la primera- en que amó hasta con las entrañas), a escribir cada cosa que esa experiencia –que hoy se repite- me sugiera escupir en un papel (o en este montón de unos y ceros que es este lugar)…

lunes, 23 de febrero de 2009

Misantropía: echadle la culpa al examen de Grado!



Estoy a punto de convertirme en un gordo coleccionista de mazos de “Mitos & Leyendas”, en jugador compulsivo de rol, en fanático acérrimo de “Estar Güars” (sí, de los mismos que ven los capítulos en DVD disfrazados de Darth Vader, y que encuentran incoherencias lógicas y de continuidad en la saga).
Me faltan solamente algunos kilos, y algunas páginas de donde descargar porno gratis para mi autosatisfacción (¡si uno quiere que las cosas se hagan bien, debe hacerlas uno mismo, caramba!).
Apostaría a que si toco la piel de otro ser humano (piel que no sea de látex), me dará prurito o algo semejante, o me quemaré como vampiro tocando la Biblia (lugar común en las películas de las que me estoy haciendo fanático, y que arriendo los sábados por la noche, para verlas solo en mi casa, engullendo pizza).
Entre más medios de comunicación tenemos, más solos nos sentimos. Hoy la vida es trabajar en un cubículo de un metro cuadrado, escuchando el ring de sendos teléfonos, viajar en la soledad de las micros llenas, llegar a casa a preparar una “sopa para uno”, mientras revisamos compulsivamente nuestro(s) correo(s), nuestro Facebook y nuestro blog, para terminar constatando que no hay mensaje nuevo alguno.
(Y refrescamos la página cada treinta segundos; no queremos convencernos… Estudiar para el Grado nos condena a la soledad más absoluta).

…Que la Fuerza nos acompañe.