Nunca giramos tomados de las manos en campos repletos de Diente de León, con música de fondo, risas amplias, y tomas en cámara lenta…
Nos derretimos, nos licuamos, nos desvanecimos, como dos ratones hechos de nubes, mirados por un niño recostado sobre el césped.
Hace poco fue comprobada una hipótesis que llevaba mucho tiempo masticándose. El radiotelescopio Big Ear, que había detectado la mítica señal Wow! hace 40 años, lo que en realidad detectó fue la señal del hidrógeno neutro de la cola de un cometa friéndose en la radiación del sol. Nada de magia, nada de extraterrestres, nada de otro mundo.
Así le ha pasado también a este radiotelescopio hecho de unos y ceros: recabamos falsas señales, nos llenamos de ilusiones, y proyectamos toda una vida. Pero esa señal no era más que la jugarreta de un cometa, de esos que llegan y se van, de esos que pasan de manera fugaz por la vida de otros. La eterna pasajera.
Como la señal Wow!, esta señal era extraterrestre, pero no inteligente.
El lunes 15 de agosto de 1977 a eso de las 23:16, el radiotelescopio Big Ear recibió una señal de radio de origen desconocido durante 72 segundos, descartándose por su intensidad de que se tratara de ruido de fondo.
Esta señal fue registrada por la computadora del observatorio en una sección de papel continuo y unos días después, un voluntario del proyecto SETI revisando esos registros, descubrió esa señal que fue conocida como Wow! debido a la anotación que ese voluntario hizo en el papel continuo, denotando su sorpresa y emoción.
Pues bien, yo el 12 de agosto de 2016, lancé una señal al Universo, no esperando respuesta, sino como un simple acto de amor, de ese amor que aun pervive. Un abrazo de unos y ceros. Y lo que vino de ahí, no cabe en un Wow!
Es hora de volver a encender esta antena, para ti, mujer indeleble. Pero antes, para mí, porque necesito vaciar el estómago de mariposas muertas.
No quería que se me
pasara el año sin escribir estas líneas. La verdad, tenía pensado escribirlas
el mismo día en que terminara de leer la croquera. Pero ya ves, el tiempo se hace más escaso
cada vez, y además, para serte sincero, ya casi no tenía ganas (¿recuerdas
aquel tiempo mágico, en que trabajaba como 16 horas diarias, y aun quedaba
tiempo para caminar, dibujar, escribir y
meterme en tetes?... no sé cómo lo hacía, tal vez lo soñé).
La he leído. Completa.
No fue lo único que leí. Revisé
el antiguo Fotolog; como ves, volví a escribir en este blog-antena; revisé
antiguas “cartas” (papeles que tal vez ni recuerdes); revisé (y esto más de
casualidad que de otra cosa), antiguos correos electrónicos.
Así como los
radiotelescopios que envían señales al oscuro inmenso del universo, para
formarse una idea “por rebote” de qué es, así también, a estas alturas, quería
formarme una idea “por rebote” de qué sucedió, de quién eres, de qué querías. Qué
demonios pretendías.
Pero así como los
radiotelescopios no nos hablan del universo que es, sino del que era, así
también yo he estado formándome la idea de quién fuiste.
En ambos casos viendo
destellos de cosas que tal vez ya ni siquiera existan.
* A.L.M.A.: Atacama Large Millimeter/submillimeter Array
He terminado todo, he cerrado el paréntesis que marcó la época más oscura de mi vida.
Sólo falta una última cosa, casi sin importancia, sólo queda un plazo, sólo resta que vayan cayendo algunos días, como gotas que se filtran de una cisterna rota hasta vaciarla completamente. Este plazo me tiene sin cuidado.
Mientras eso ocurre, he desenterrado tus cartas, esas que jamás leí. Ahí estaban, donde las dejé, anilladas en papel croquis, con adornos y monitos, esperándome a que las leyera, siendo más fieles que muchas personas que conozco. Desde luego, más fieles que tú misma.
Te confieso que tengo miedo de saber qué dicen; “tengo miedo de ti” diría en otro tiempo.
…Hoy me he sentado bajo la sombra de un árbol, he preparado el corazón, y he comenzado esa lectura pendiente.
-Tú ves al café y a tus relaciones de la misma manera: si se te enfría, simplemente vas por otro. - Ahora yo te digo mira quien habla… - Volviendo al tema: Entonces, si la felicidad no existe allá afuera, sino que es un estado de nosotros mismos, alentado por nuestro instinto y sazonado con drogas cerebrales, y que dice relación directa con como interpretamos la realidad más que con la realidad misma… ¿Qué esperan las farmacéuticas que no lanzan al mercado la pastilla de la felicidad de una vez por todas? Muchos preferirán andar como zombies, a vivir de verdad. En estos dilemas, si fueran reales y no aparentes, entre la felicidad así entendida y la conciencia, me quedo con la conciencia; entre la felicidad y la acción, me quedo con la acción; entre la felicidad y el amor, me quedo con el amor; entre la felicidad y la curiosidad, mil veces me quedo con la curiosidad. ...Y si hubiera una pastilla que me hiciera inmensamente feliz, y otra que me hiciera medianamente inteligente, me tragaría sin dudarlo la segunda.