Si alguna vez tuve fe en la cordura o en la
decencia humana, esta se esfumó esta semana: Arjona haciéndose el ofendido porque
nunca lo habían llamado de los Grammy Latinos.
No es que yo crea que los Latin
Grammy son lo máximo, pues es un hecho de la causa que los Grammy no tienen
directa relación con la calidad de un artista… Pero de ahí que Arjona lo desprecie, cual rock star, pretendiendo fundarse en que nunca antes fue reconocida
“su calidad” por la Academia…
Vamos.
…Es como que yo me ofendiera
porque nunca me llamaron los organizadores del Mister World para ofrecerme el primer lugar, de una, sin concurso ni sorteos.
p.s.: Yo no tomo partido por ninguno de estos dos idiotas.
Hace
algunos años jamás me imaginé hablando
de C.D.P., C.R.S., y de C.P.
Jamás
me vi arriba de esos carros verde oscuro, ni tan cerca de esposas americanas y
chalequillos amarillos, manchados con fluidos de toda clase.
…Y
ya me ves. Acá, hablando de cedepés, ceerreeses, de cepés., de la Ley 20.084,
del Lihuén, y feliz.
No
pienso quedarme mucho tiempo en este país de la última ratio, pero pienso absorber todo lo que pueda mientras esté por
estos lares: he descubierto lo mucho que me gusta aprender, cuestión
sorprendente para alguien tan temeroso de las cosas nuevas, como yo.
¿Será
acaso que por fin comienza a salir el sol?
Lo
sorprendente es que sea tras de los cerros de Quintero. El feo, pero -para mí-
dulce Quintero.
La
vida a veces parece que no es sino un loop
de la batalla entre Jiraiya y Pain… (En que nosotros –evidentemente- somos
Jiraiya).
No
acabamos de recorrer un camino del dolor, cuando ya nos encontramos en otro. Supongo que vivir duele, y ese dolor es
precisamente señal de que estamos vivos.
A
veces ese loop comienza a ser un
fastidio.
La
metáfora es ñoña, lo reconozco, pero me sirve para darme a entender.
Uno
cree haber sido ordenado, solucionando problema a problema, desatando nudo a
nudo. Pero no bien va saliendo de una
cuando llega la otra.
Eso
demuestra que el tener el control es sólo una ilusión, y realmente somos partículas
en la nube del caos. Demuestra que si es
que hay una constante en la vida, es precisamente que no hay constantes: todo cambia.
Como
en el capítulo, cuando pensamos que hemos acabado con la mitad de los
problemas, no demora la vida en darnos alguna sorpresilla…
Y
así se van de nuestro lado, de un día para otro, las personas que queremos, y a
quienes, quizá, no dedicamos suficiente tiempo, por destinar ese tiempo a
solucionar problemas de forma ordenada. Se
van a quienes negamos el presente, por estar construyendo un futuro (que jamás
llegó).
El
día sin decir a los amados, que los amamos, es un día perdido.
…Y
yo he perdido, de forma irremediable, varios cientos de días en estos últimos
años.
Espero
puedas perdonarme, queridísima; yo no olvido todo lo que hiciste por mí y me
duele en las entrañas, no haber tenido todos los nudos desatados a esta fecha,
para alcanzar a darte una vida colmada de felicidad, antes que partieras.