Yo sabía que lo nuestro no duraría para siempre. Hoy escribo acá para decirte adiós de la forma mejor posible; ¡te agradezco tanto todo el tiempo que estuvimos juntos!
…Pero yo sabía, muy dentro de mí, y pese a lo que muchas veces quise creer, que algún día nos separaríamos para siempre…
No es tiempo de buscar culpables. Tal vez no te di el tiempo, el cuidado y la atención que merecías. Tal vez mis preocupaciones, cada vez mayores, nos pasó la cuenta. Tal vez, simplemente, estaba inscrito en nuestros genes que esto pasaría.
Me adornaste con reflejos dorados en su momento; me causaste problemas con mi familia y los profesores en la adolescencia, y me acompañaste en todos mis estudios, ahí, cayéndote sobre mis apuntes… Hoy, te digo adiós, y acaso, te quiero todavía… (shiaaaa)
Quizá, pasados estos tiempos de estrés y tensión, me compre un Folicure y volvamos a estar juntos, como en los viejos tiempos, querido cabesho… Por mientras, para ti, oh, tú, caído que no vuelves, sea todo mi reconocimiento, y sea toda mi gratitud.
Conocí un niño que se maravillaba con los bichos, con las lupas, y con que hubiese flores que se cierran en cada ocaso.
Conocí un niño –y lo había olvidado- curioso y agradecido del Universo; que cuando le explicaron qué era una dictadura, le pareció horroroso; que cuándo le explicaron como funcionaba el mundo, le pareció urgente un cambio; que creía en Dios y en las pequeñas revoluciones de cada día…
El mismo que un buen día partió a estudiar a la U, con cinco lucas para el mes en el bolsillo, y sin saber los resultados del crédito ni de las becas a las que había postulado…
Un pirómano de naves, como diría Cortés.
Yo lo había olvidado, pero conocí ese niño…
Yo soy Carlos Cataldo: me emociono con los ocasos, me desafían los amaneceres. Me gustan los perros, los libros, las caricaturas, los cuadros de Van Gogh, Munich, y Gauguin, y el cine. Me encanta comer, sobre todo aquellas chatarrerías rápidas, pero no sabría que sería de mí sin la comida casera.
Me encantan los juegos.
Me encanta el sabor de las mariposas, pero no sabría que hacer si no me espera Penélope en casa…
Me pasaría horas mirando las estrellas en los días en que se corta la luz… Me gusta recostarme sobre el césped a ver el cielo azul intenso de septiembre, e imaginar figuras en las nubes. Aun me gusta ver como algunas flores se acurrucan antes de ir a dormir en cada crepúsculo; la Óptica y sus lentes y lupas me parecen fascinantes; y los bichos, incluso los que caminan en dos patas, absorben toda mi admiración. La Física sigue siendo un buen diccionario para traducir la poesía que escribe Dios.
Y aun me duele la injusticia…
Aun me duele que a algunos les sobre el poder y otros no tengan defensa alguna; que niños no tengan familia; que padres no tengan trabajo; que ancianos no tengan respeto; y que las mujeres aun sean tratadas como discapacitadas…
Yo soy Carlos Cataldo, y aunque a veces lo olvido, yo soy aquel niño…
Quedé estupefacto. Estaba en el Conservador de Bienes Raíces y en eso, se encontraron dos viejas cuicas, al parecer grandes amigas con tiempo sin verse.
- “¿Y cómo está tu marisco?”- preguntó una.
Y a mí me llamó la atención ese grado de confianza entre ellas.
Y ahí se armó tamaña conversación: pasé escuchando preguntas del estilo “¿lo teñiste?”, “¿lo afeitaste?”, “¿por qué huele tan mal?”, “¿por qué lo haces trabajar tanto?”, preguntas –y más aún, sus respuestas- que me dejaron con el “yo pecador” en la boca…
Para colmo de mi estado, a esas alturas catatónico, la vieja terminó diciéndole a la primera:
- “¿Y el tuyo?”
Y yo ahí me quería morir: ¿Cómo dos viejas aparentemente educadas, ventilan esas intimidades en un lugar público, a vista y paciencia de otros mortales?
- “Ahí está, en el trabajo... Pobrecito mi marido, también lo tengo trabajando”.
...¿Cuándo iba a cachar yo que le decían “marisco” al “marido” y no a lo que yo pensaba?… :p
Las relaciones amorosas no se miden por cuanto duran, sino por lo que nos hacen sentir… El amor te da vuelta las entrañas, y las tripas te quedan por fuera… Por dentro, sólo mariposas hechas de puro U235.
¡Yo quiero volver a ser un punto negro en el suelo, calcinado, borrado del mapa, por tus mariposas asesinas, alevosas, fugaces, pero más poderosas que el Big Bang!
lunes, 12 de abril de 2010
Ayer sintonizando TVN no podía creer lo que veía: ¡se estaba televisando un rodeo! Me dijeron que los fondos obtenidos irían en ayuda de los damnificados del terremoto (como para santificar el espectáculo).- Yo tengo otra propuesta para reunir dinero: soltemos en una medialuna una jauría hambrienta y rabiosa de unos 20 pitt bulls, u otra raza análoga, luego, una vez que alguien los haya azuzado convenientemente, arrojen a la medialuna, los hijos o nietos (los que estén en edad preescolar) de los organizadores del rodeo de hoy, de los financistas de este espectáculo y de los jinetes… Apuesto que ahí el argumento de la justificación de los medios en aras de los fines, no le parecería tan razonable al patroncito de manta nueva y camioneta doble cabina.-
¿Qué será de mí ahora, que la TV pública transmitirá a menudo esta clase de espectáculos tan propio de los hacendados de rancio abolengo que hoy tienen su vicario en la moneda? Así no más con la chilenidad…
(p.s.: ¿Cómo ningún fiscal –aunque sea para figurar en los medios- inicia procedimiento por maltrato animal?)
¡Qué país más bananero es Chile! Un país en que es portada de los diarios el que una persona asuma públicamente su opción sexual da cuenta de una nación entera recién bajándose de los árboles. A Darwin le faltó tiempo: de haber convivido un poco más con los chilenos, habría explicado por qué la evolución del homo sapiens se detuvo en esta parte del mundo. Cuando la gente cree que saquear supermercados es muestra de lo incivilizado del pueblo chileno, poniendo a esos saqueadores “en el otro Chile”, en el Chile incivilizado, rústico, impío e indecente; pero que, a la vez, esa misma gente, cree anormal el que una persona sea/diga/o se sienta con opciones sexuales diversas, tanto como para hacerlo portada, que sea “tema” y objeto de sendas tallas, me parece que se muestra una vez más la hilacha de un país que se cree “progresista” (¡odio ese término!) e igualitario… y sólo eso: “se cree”. Autoengaño creo que le llaman.