miércoles, 27 de enero de 2010


Brújula del Oéstere…
Brújula esdrújula que apuntas siempre hacia el sur.
Brújula esdrújula del anillo de plata en tu mano libre y engañosa.
Brújula esdrújula que apuntas siempre para donde no hay que ir.
¡Brújula esdrújula, quiérole perdérmele en la júnglala de las emociónoles contígolo!.

viernes, 18 de diciembre de 2009


¡Esto es el Colmo!

Sí, créanlo: hoy viernes 18 de Diciembre fui objeto dos veces (sí, ¡dos veces!) de un control de identidad. Esta es la forma más rápida de aprender Derecho Procesal Penal, algo así como “al estilo Inacap”: aprender haciendo.
Todo comenzó el día en que mis vecinos lograron su cometido de no dejarme memorizar ni una frase más con sus persistentes ruidos molestos, lo que me obligó a explorar los más alejados rincones de Quillota para estudiar. Esta comuna, en ese sentido, es un lujo: a menos de una hora de caminata, me encuentro en Rautén, perdido en una absoluta y deliciosa soledad, con aire puro y valioso silencio para seguir masticando Civil.
Con civilístico afán, hoy, por segunda vez este mes, me instalé “a hablar solo” a la sombra de un acacio, a una cuadra del Monasterio de las Monjas Benedictinas de Rautén, y a la altura de una portentosa casa patronal (¿está de más que diga que me instalé en la berma, en plena vía pública, y a una distancia considerable de la entrada a la parcela donde está la casona?).
Para hacer corta la historia, el “patroncito”, que llegaba en su Chevrolet doble cabina, año 2009, me preguntó, bajando el vidrio, pero sin bajarse de la camioneta, si yo buscaba a alguien. Yo, que no estaba para preguntas filosóficas del porte de “qué busco yo en la vida”, sino que me encontraba en plena faena de la prelación de créditos, le canté un parco “no”, y seguí metiéndome artículos por donde pude.
¡Tate! A los 15 minutos llegó un par de motos verdes (y no era Greenpeace), con sendos funcionarios del mismo color, quienes en forma muy poco festiva me pidieron mi cédula de identidad (menos mal que la andaba trayendo). Entonces, he ahí el dilema: preguntar qué hecho hacía de esta ocasión un “caso fundado”, en los términos del artículo 85 del C.P.P., (y esperar que el paco me mirara como si le hubiese hablado en alguna lengua muerta), o hacerla cortita, y seguir con la prelación de créditos. Mi espíritu práctico pudo más. Me anotaron en una libreta, verificaron “con la central” si tenía antecedentes, órdenes pendientes, o quésésho, y listo.
Seguí con Civil.
Pero luego, volvió el patroncito, esta vez a pie (pero con la llave de la Chevrolet en la mano), y me habló en tono bien rimbombante, preguntando qué diantres hacía yo allí. “Estudio la prelación de créditos, pero no atiendo consultas gratis”. Luego de dimes y diretes, le dije que no me movía de allí, hasta llegar a la segunda clase de créditos por lo menos, y que se acostumbrara, porque me gustaba el lugar (vía pública, insisto) y volvería la próxima semana; que no era delincuente, y que es lo único que le bastaba a él saber. Le pregunté su nombre y dijo llamarse Rodrigo Moreno, presidente de la junta de vecinos de Rautén, aunque tengo dudas de si me dio su verdadero nombre y más todavía de su representación vecinal.
No me moví, y seguí memorizando, y él entró de nuevo en su casona.
¡Tate de nuevo!, a la media hora, otra pareja verde aterrizaba. Les dije (ya entre risas) que no me dijeran nada, y les pasé mi cédula. Les expliqué que me tenían de casero, que era el segundo control del día, y los detalles de toda la situación, y los pacos rieron de buena gana; y me desearon buena suerte en el Grado (estos pacos eran mucho más simpáticos).
Con estos episodios a uno no se olvida el artículo 85 del C.P.P., nunca más en la vida.
Igual voy la próxima semana: no me pierdo mi tercer control de identidad… Para repasar materia.

(Espero no terminar estudiando Derecho Penitenciario no más… :S )

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Al maestro con cariño... Al profe con repudio.



Hay varias cosas que me dan ira, a qué negarlo.
Una de ellas son los actuales profes.

Para empezar, y en primer lugar, dejaré claro que no hablaré de mi opción política, sino de mi propia realidad: estudié siempre en Escuelas Fiscales, y no necesito ver un portafolios de evaluación docente para determinar que algunos profes son simplemente ineptos, cuando no simplemente flojos (y a veces lo uno y lo otro, copulativamente).

En segundo lugar, me nace la pregunta -para un gremio que se dice tan poderoso y unido- : ¿por qué no patalearon como ahora en el año ‘81, cuando dicen que se generó la “deuda”?
Claro, no lucharon por la democracia en ese tiempo (más bien la mayoría lamía la bota de yasabemosquien: sin chistar nos hacían cantar el himno con estrofas extra; izábamos el trapo ese todos los días lunes, como los mejores regimientos; recibíamos la “versión histórica oficial de la gesta del 73”, etc.); pero ahora que tenemos democracia, sale mucho más fácil “tomar de rehenes” a los niños de escasos recursos, para obtener la satisfacción de nuestros intereses.
Esa es la respuesta a la pregunta que planteo: Patalean ahora, porque ahora, en democracia, con los derechos civiles que ésta garantiza, y en año electoral, podemos obtener un bono (sucio y vil dinero), que viene a ser una suerte de rescate por la “toma de rehenes” de la que hablo. El mecanismo es fácil, sencillo y funciona: el profe necesita una platita para pasar una buena navidad, o pagar la matrícula del hijo (porque no nos engañemos: los profes de colegios fiscales, tienen hijos que NO estudian en colegios fiscales); entonces ese profe se une con otros profes en análogas situaciones y salen a la calle, hacen protestas, hacen paro (ilegales por lo demás), y presionan y dan donde más duele: en la educación de los niños de escasos recursos.
Porque entendamos algo: no hay manifestaciones los sábados, domingos o días hábiles después de clases, ni se va a apedrear la casa de M. Jiménez o de M. Bachelet, ni se hacen paros en los colegios particulares (ni pa solidarizar con el Gremio siquiera) donde estudian los hijos de congresistas, ministros, etc.: Se hacen los paros ahí donde nos duele, donde estudian nuestros hijos, los mismos que después tienen que sacar buenas notas para pelear un cupo en Ues de verdad, para pelear becas de excelencia, etc. El gremio es poderoso cuando pone la pata encima de nosotros, los pobres, los que no tenemos filiación gremial: el Pueblo.

En tercer lugar, no me vengan con eso de la “deuda histórica”, porque deuda-deuda no es; si es que hubo alguna vez algo parecido a una deuda (obligación), hoy está prescrita; hoy no hay obligación, no hay deuda.
Si tienen dudas sobre eso, demanden (de nuevo), a ver qué dice la Suprema o –incluso- Contraloría.

En cuarto lugar, ya se está volviendo costumbre eso de primero pegar el palo y después sentarse a conversar, y siempre con el estudiante de colegios fiscales “tomado de rehén”; al final, con esa misma estrategia, transformaron el bono SAE en un bono de “término de conflicto”… Ah, y ni siquiera consideran a los municipios en las conversaciones… qué bonito.

En quinto lugar, estos profes son los mismos que no quieren evaluarse (¡porque ni siquiera es el método el que no les agrada, sino la sola idea de evaluarse!)… O sea, quieren más plata, pero menos control. ¿Por qué no negocian la plata con una modificación profunda al Estatuto Docente que garantice calidad y mecanismos de exoneración aplicables en los hechos? A mí, v.gr., me rige el Código del Trabajo, y por lo tanto tengo derecho a negociación colectiva y derecho a huelga, es decir, eventuales paralizaciones pero de carácter legal; pero como contrapartida, si no hago bien mi pega, me echan; si estoy en huelga, no me pagan los días no trabajados; y gano el mínimo, esto es, alrededor de $170.000.- Mi situación, era que no, contrasta con la de los profes, que parten ganando como $400.000.- (y más), y algunos hacen gran proeza en juntar una letra con otra, y en los tests de c.i., probablemente más de alguno salga debiendo puntos, por decirlo de alguna manera; profes que no tienen derecho a huelga en el sistema público, por la naturaleza de sus funciones, pero que igual salen a la calle, se paran y sabotean el año escolar, y se enojan si las munis no les pagan los días no trabajados; sí, los mismos profes que montan en cólera porque los evalúan, y patalean porque los “colegas” que no hacen bien su pega pueden ser “exonerados”…
Hay que ser muy careraja, no?

Como van las cosas, pronto la gente como nosotros (los “sinnombre”, que no tenemos otro gremio que ser de clase media o media-baja, los que nos llevamos la mayor parte de la carga tributaria que paga, al final del día, el pan que se lleva a la boca ese profe y sus hijos) perdamos la paciencia, y así como ellos “toman de rehenes” a nuestros hijos, salgamos vesánicos a la calle a quebrar las piernas de los docentes que nos encontremos, a quemar sus casas confortables, y a construir sobre las cenizas de tanta patudez, la figura de los docentes que abracen su profesión con el corazón y no con el bolsillo.
Queremos que los profes nos den amor de maestros y no amor de prostitutas.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Por qué no votaré por Marco...



Marco es un chicle de esos que uno mastica demasiado tiempo. Evidentemente, mucho tiempo se paseó por los molares concertanistas, y hoy lo vemos tratando de pasearse por los incisivos de la Izquierda y meneándole el trasero a los colmillos de la Derecha. Aparte de eso de privatizar Codelco (ya, ya, sé que hay matices en su propuesta, pero redondeemos), dar loas a la economía de libremercado, darle la alabanza oportunista a la figura de Pinochet, ha dado el último dulcecito al electorado de derecha: no votará por Frei en segunda vuelta.
Entonces, por ser un chicle, que no sabemos por qué parte de la boca aparecerá en su convulsionada danza de la masticada, no votaré por Marco.
En segundo lugar, es un chicle ya masticado sin gusto a nada. Un observador externo, que no lo conociera, no dudaría por ubicarlo, conforme a lo que dice, promete, y asegura, en la derecha del espectro político. Pero se dice progresista, de inspiración izquierdista. Si alguien osa preguntar acerca de las aparentes contradicciones lógicas de su discurso, no duda en explicarlo –y lo peor, justificarlo- con esa cantinela de que así es él: joven, impetuoso, contradictorio –como su origen-, con ganas de hacer el cambio, pero continuando con lo de Bachelet, gobernando con los mejores, y otras tantas frases aprendidas de memoria, como artilugio para escapar de preguntas que claman por respuestas importantes. Es decir, justifica su oportunismo, y su insipidez, en su perfil y carácter personales de contradictorio, “díscolo”, etc. Cómo si uno votara por la persona (aún en regímenes presidencialistas, como el nuestro. Como si ser díscolo, en política y en nuestro sistema político, sea una virtud).
En otras palabras: Cuando se le pregunta a Marco “¿Qué diablos es usted?, Marco contesta: “Soy todo y soy nada. No me amarro, estoy lleno de contradicciones, soy el cambio y la continuidad… Soy joven”. Y uno no está para presidentes adolescentes.
En tercer lugar, es como esos típicos chicles que la gente sin educación pega en los asientos de las micros o debajo de los pupitres: se pegan. No es casualidad que después de haber gritado a los cuatro vientos su vocación de cambio, ahora, después de los altos índices de popularidad de Bachelet, se pegue a su línea de gobierno, y más aún, a su persona.
No votaré por Marco, porque prefiero las reglas claras a priori. No juego ningún juego sin saber antes las reglas del mismo. No voto por Marco, porque cuando el chicle se le pega en el pelo o en el pantalón a uno, cuesta tanto tiempo sacarlo… y a veces no queda otra que meterle tijeras al asunto.
No voto por Marco, porque los chicles son mejores con gusto a algo…

viernes, 2 de octubre de 2009



Las mujeres no juegan limpio.
O “la guerra de los sexos, es una guerra sucia”.
Desde la más tierna infancia, cuando jugamos niñas y niños a “pillarnos”, los varones perseguimos a los demás, los “pillamos” sin compasión, pero cuando estamos a punto de “pillar” a una niña, ésta invoca con premura la fórmula mágica: “bola”, “bolaca”, “bolilla”, o alguna otra palabreja parecida, para hacer notar cierto estado de inmunidad, cierta substracción temporal del juego, que, dicho sea de paso, es opuesta sólo cuando su derrota es inminente; la idea es enervar la acción del macho y su triunfo también inminente.
Los varones les respetábamos esas patrañas.
Esos juegos infantiles no cambian con el correr de los años; los hombres no maduramos, sino que cambian de tamaño nuestros juguetes, y las hijas de Eva, tampoco maduran, sino que echan manos a maniobras más sofisticadas de manipulación.
Sí, tengo una visión reduccionista del problema, y qué.
A diferencia de las acérrimas feministas, con lo dicho no digo que el sexo opuesto sea el malo, y nosotros -los varones- los buenos. Digo, por el contrario, que el machismo, la desigualdad fundada en el sexo, los “subsidios” dados a las mujeres, las cargas que sufrimos por el simple hecho de ser varones o de ser mujeres, son malísimos, y he ahí el verdadero enemigo común para hombres y mujeres (para mujeres y hombres, para que no se enoje la feminista).
¿De verdad creen que vivir en una sociedad machista es miel sobre hojuelas para muchos de nosotros? ¿De verdad creen que esos paradigmas de comportamiento nacen sólo de los hombres? En fin, ¿ser mujer es equivalente a ser santa, o a ser una especie de minusválida social?
A las mujeres no les gusta que les llamen “sexo débil”, pero bien que no escatiman echarse Mentolatum en los ojos en las audiencias ante los Tribunales de Familia, cuando hay que pelear alimentos, visitas o sea lo que sea que les brinde cierta victoria sobre el “inútil” (el ex).

viernes, 25 de septiembre de 2009



No puedo evitar un cierto revoltijo en el estómago, cuando escucho decir: “que importa que gobierne la derecha, si total, lo pasado es pasado; qué importa hoy el golpe del ‘73”.
En Chile parece que tenemos mala memoria, los que se inclinan a pisar el palito que pone la derecha, los que se tragan el dulcecito de los llamados “díscolos”, y por cierto, alguno de nosotros que llega a mirar con simpatía los caudillos de izquierda que intentan ser dictadores solapados bajo la etiqueta de la revolución.
Cuando escucho a Francisco Javier Cuadra decir descaradamente como se manejaron los medios de comunicación en la dictadura militar; cuando escucho a Piñera decir que siempre fue humanista y cristiano (desconfío de lo primero, tengo la certeza que él no sabe de lo segundo), cuando escucho alegar de democracia a Cardemil (sí, el mismito que transpiraba sangre dando los cómputos que decía adiós a su gobierno dictatorial), no puedo evitar esa nausea profunda de asco, pero también de pena, de lástima de aquellos personajes, que no son, sino que se hacen conforme a las circunstancias y las conveniencias eventuales y pasajeras.

domingo, 6 de septiembre de 2009

El genio malo


...Y me arrepiento de haber sido tan loco como para haber actuado de esa forma tan cuerda.
Prudencia: al diablo contigo! Probablemente desperdicié, al pasarla por la cabeza, la última oportunidad que me puso la vida para hacer buen uso de ese músculo díscolo, inestable y bipolar que tenemos en el pecho…

Tengo un genio de mierda...