No me reconozco. Debe ser la edad… Pero últimamente me he preguntado si no es momento ya de tener una guagüita. ¿Cómo lo haría yo de papá? ¿Desde cuándo comenzaron a agradarme los niños? …Ay. La vida es rara.
p.s.: Click en la foto, para verla más grande. No sean duros, la hice en los apuntes de Civil.
Siempre pensé que me enamoraría en ciertos lugares. Siempre creí que el amorsh de mi vida saldría o del liceo o de la parroquia. ¡Qué huevada más grande! Al final, el amor lo sorprende a uno en los lugares y por los medios más impensados. El amor te da por donde quiere, y no por donde lo esperas. Los griegos -una vez más- tenían toda la razón al representar a Eros como un cabro chico mal criado e impredecible. Insufrible, intratable. ¡Malditos griegos, siempre tienen razón!
…Así no ma’ con el amorsh.
(p.s. Mhhh… Ahora que lo recuerdo, luego de aplicarme mi Gamalate endovenoso: En realidad algo tuvo que ver la parroquia en todo ésto, era que no… ¿Recuerdas?)
Hay veces en que me siento un fracasado.
En que amanezco y tomo conciencia de que no somos más que formas de vida básicas a base de carbono, naciendo para morir, tan egoístas que si no fuera por el instinto de conservación de la especie (es un eufemismo, sabés a qué me refiero) ni siquiera se molestarían en formar familia.
Vivimos en una pequeña partícula de polvo en medio de la inmensidad de la nada, girando alrededor de una estrella que no destaca entre otras miles de millones.
Y los especímenes que forman la humanidad -el sobre valorado ciudadano común-, prefiere ver Yingo a ir a ver un montaje de Antígona, bota sin culpa los papeles y otros desechos a la vía pública, cruza la calle a mitad de cuadra, no cede el asiento en el metro ni en la micro, toca la bocina como si esto le provocara algún placer sexual, maneja como energúmeno, y se relaciona con sus congéneres como si tuviera que competir con todos. Goza con el Kike Morandé, y cree que las noticias del Mega son buenas. Le gustan los derechos, pero le hace asco a las obligaciones. Y cree que es cool votar por alguien como MEO.
Los inteligentes son suficientemente inteligentes para darse cuenta que todos somos unos imbéciles, con capacidad intelectual insuficiente para comprender el mundo que nos rodea. En cambio, los otros están ahí, en puestos de poder, creyéndose Salomón.
La gente se ha acostumbrado a vivir “estupidizada”.
No hay espacio para la compasión, ni tiempo para mirar el azul furioso del cielo de septiembre. Es necesario organizar un show de TV para que podamos meternos la mano al bolsillo; y caminamos siempre apurados, mirando el suelo, no sé si para evitar la mirada de los semejantes, o con la esperanza de encontrarse plata botada; ambas opciones no me gustan.
Hay guerras, los bancos campean, los bosques se acaban y cada día se extinguen especies. Hay perros abandonados en las calles y a nadie parece importarle. Las Universidades de verdad ahí están, a medio morir saltando, y el gobierno actual parece que no está ni ahí con inyectarles recursos, y menos con inyectarles respeto.
La gente ya ha naturalizado que “el brazo de la ley” es más duro con el lanza que roba una billetera, que con el tipo que –de cuello y corbata- se echa al bolsillo cientos de millones de pesos a costa del abuso de la gente común. ¿Le parece “normal” (y no hablo desde el punto de vista del Derecho Positivo) que el abuso del retail con quienes usan sus tarjetas de crédito no sea delito? ¿Por qué no existe una sanción dura para quienes se hacen ricos con las universidades “marca chancho”, o con la especulación en la bolsa que es capaz de derrumbar economías enteras con tal de procurar algunos dólares a unos pocos? ¿Por qué tenemos un Presidente de la República que eludió la acción de la Justicia en los ‘80? ¿De verdad le parece “normal” que en el decil más rico se gane per capita 78,5 veces más que el decil más pobre?
Gente que participó activamente en la dictadura, aun se ve en cargos de importancia: los tenemos en el Congreso, en las Municipalidades y en el Gobierno central. Y no se ponen ni colorados. Y lo peor, al sobrevalorado ciudadano común no le importa.
Y lo peor de lo peor, lo que me hace dudar si levantarme o no de la cama cada día: no puedo hacer nada para cambiar eso…
…O, al menos, a veces despierto con esa impresión, como si el fuego interior del que siempre he estado tan orgulloso, se hubiera apagado por completo; a veces despierto así, sin fe en la humanidad, ni en el grano de arena que pueda yo aportar para mejorar el mundo. Esos son días en que mi fracasómetro marca el máximo.
…En esos días, aunque muy a contrapelo, es cuando me levanto con mayor fuerza, poniendo mejores empeños en esto de mejorar el mundo, porque cuando el fracasómetro marca así de mal, quiere decir que hay más pega. Y si el mal no toma vacaciones, nosotros tampoco deberíamos…
p.s.: Nótense las comillas en la palabra “normal”.
Aprovechando la visión de distancia que da el exilio del mundo de los vivos, he podido ir sacudiéndome el pasado, al poder ponderar en su justa medida tantos hechos que llevaba -hasta hace poco- pegados en los pasos, como esos molestos chicles que uno pisa en verano. ¡He tenido sobrevalorados tantos hechos! Algo así como una burbuja, como la inmobiliaria de la crisis subprime, pero a nivel de recuerdos. Tras las nieblas del tiempo que van pasando, todo se ve bien; mejor de lo que fue. No es que reniegue de mi historia, sino que he deseado separar el grano de la paja, para quedarme con lo importante solamente. He intentado romper con algunos patrones conductuales, que, merced a mis rasgos obsesivos, me amarraban artificialmente a lugares, cosas y personas poco importantes o que, habiendo tenido importancia, hoy carecen totalmente de ella, o incluso a lugares, cosas y personas que en realidad nunca fueron realmente importantes para mí. Tenía una suerte de “síndrome de Diógenes emocional”. Hoy sábado llamaré y me reuniré con una de esas personas. Conservo aún algunas fotografías de ella, que tal vez le interese, precisamente, más a ella que a mí tener…
Hace tiempo creí que era medianamente buena persona, en circunstancias que era bien miserable. Sobre todo en esa época de parroquia. Era remiserable. Y miope. Hoy, que estoy enclaustrado, no saliendo ni pa’ ir a Misa (¡tiempo sin Inet! ¡sacrébleu!), me sorprende esa verdad practicando de nuevo aquellas viejas autoreglas que había olvidado, y otras nuevas que he ido abrazando; cada una, un ladrillo para construir Buena Vida, tanto para mí, como para el resto. Uno es uno y sus circunstancias, usando una frase de perfume orteguiano, pero también uno es uno y quienes lo rodean, usando una frase con olorcito a mí. Y digo esto, porque hay que ver que a veces uno se encuentra con personas que sacan lo peor de uno, y uno se desconoce y se asusta, ahora mirando en perspectiva; mientras que con otras personas uno no tiene otro fin al levantarse cada mañana que ser mejor que ayer. A lo mejor, para ser justos, y pensando que el yo de hoy no es el mismo yo de ayer (usando una frase con aroma al Oscuro de Éfeso), quizá lo que sucede es que ciertas personas tuvieron mala suerte al encontrarse conmigo en mis peores días (o años), y otras son afortunadas de encontrarse conmigo hoy, con las constelaciones a mí favor. Como sea. Me siento profundamente agradecido de tener a mi alrededor las personas que hoy están junto a mí...
He abandonado la idea de ser ermitaño y la doctrina de la misantropía. Saludo rigurosamente al subir a las micros, al colectivo, al llegar a la caja del súper… Me despido -con sonrisa incluida- del micrero, del colectivero y de la cajera. Cruzo por las esquinas (y sólo en verde cuando hay semáforo). Ahora me agradan los niños, las guaguas y toda esa vaina. Ya no peleo con los colectiveros. Saludo a todos mis vecinos. Tomo y me bajo de las micros en los paraderos. Doy la moneda y no pregunto en que la gastará el señor de la cuneta. Viajo más a pie (tal vez por eso ya no peleo con los colectiveros). Tengo planeado ser ligeramente vegetariano. He vuelto a creer en que un mundo mejor es posible. He vuelto a creer en las revoluciones silenciosas. He vuelto a creer que en el mundo hay más héroes que villanos. He vuelto a creer… …Y cada vez me sale mejor el remate de la postura del árbol…
Ayer, después de Los ’80, una de las pocas ventanas que abro a la TV, me dio por hacer un pequeño zapping antes de apagar la tele. Y te juro que pensé que en TVN estaban televisando el concurso de Miss Reef. Pero no. Era Camiroaga “entrevistando” al “honorable” diputado Alinco, mientras la cámara le hacía un primerísimo primer plano… ¡Qué tipo más cara de raja! Ya nos había sorprendido con su cero autocrítica cuando lo pillaron haciendo la cimarra todos los días en su “pega” del Congreso. Ya nos había maravillado con su nivel de sapiencia, casi cercano al analfabetismo. Ya nos había dejado anonadados cuando lo pillaron apareándose en una camioneta estacionada en un camino público (lo que amén del mal gusto, del nulo valor de la palabra matrimonial empeñada, denota un nivel de mezquindad exorbitante en no querer desviar algunos pesos de su dieta a solventar un par de horas en un motel). Ya el ser sorprendido en estado de ebriedad conduciendo un vehículo motorizado, y no cooperar con el control de identidad, nos estaba dejando al borde de un síncope… Pero lo que vi ayer, en ese primerísimo primer plano fue fuera de todo límite (incluso para Ainco): Aparte de no admitir culpa alguna, a niveles sicopáticos, de decir que todos esos pastelazos que se mandó es porque “él es del Pueblo”, un “hombre de trabajo, como usted” (argumentos que me parecen derechamente ofensivos para quienes sí somos gente de trabajo y “del Pueblo” –si es que hay algo que se pueda llamar así-), se mandó tremendo consejo: LA ALCOHOLEMIA ES VOLUNTARIA!! Algo así como que da lo mismo hacérsela o no, y lo que es peor, NEGARSE LA ALCOHOLEMIA ES UN DERECHO CIUDADANO! (perdón por el abuso de las mayúsculas) Cachai? “Derecho ciudadano” poh…
Debería ser “Derecho ciudadano” el pedir la destitución de estos weones mediante un cierto número de firmas o mediante alguna acción popular ante los Tribunales o ante el Tribunal Constitucional, o ante la Rota Romana, o quésésho… O mejor, debería ser un “derecho ciudadano” el permitir que todo aquel que quiera, pueda (previo llenado del correspondiente formulario) pegarle un par de patadas en la raja a diputados como este señor…
En fin, se supone que renunció a la Concertación, y ahora está junto a aquellos de su misma calaña: Se fue al partido de MEO.